Página editada por Antonio L. Manzanero, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid. España

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Dormir es necesario para recordar lo importante y olvidar lo accesorio

Durante el sueño se fortalecen las memorias duraderas y se produce una reorganización de las conexiones que las guardan para formar nuevos recuerdos

Daniel Mediavilla
1 JUN 2015

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Dormir es necesario para producir memorias duraderas. Un siglo de estudio sobre la materia lo ha dejado claro. Sin embargo, no se sabe bien cómo funciona ese mecanismo. Al principio se creía que la función del sueño era pasiva, apagando los sentidos para que los estímulos externos no interfiriesen con la formación de recuerdos. En los últimos años, sin embargo, se ha descubierto que las horas en la cama se desarrollan procesos que fijan las memorias.

Dormir es necesario para recordar lo importante y olvidar lo accesorio
Una siesta de más de 90 minutos ayuda a consolidar recuerdos / epSos.de
Respecto al mecanismo, hay teorías en ocasiones contrapuestas. Una de ellas dice que el sueño debilita parte de las sinapsis, las conexiones entre células nerviosas que ayudan a conservar los recuerdos. En esta línea, un estudio reciente sostenía que olvidar lo accesorio es necesario para recordar lo importante, como a veces es necesario tirar muchos papeles para poder encontrar con más facilidad los documentos relevantes. Dormir serviría, según esta hipótesis, para olvidarlo casi todo dejando solo las memorias fijadas en las sinapsis más fuertes.
Un planteamiento alternativo propone un proceso combinado en el que algunas conexiones se debilitan y otras se refuerzan, estas últimas a través de lo que se conoce como potenciación a largo plazo (LTP), una intensificación duradera de las señales entre dos neuronas producida cuando ambas se estimulan a la vez.
Ahora, un grupo de investigadores de la Universidad Federal de Río Grande del Norte (UFRN), en Brasil, ha tratado de estudiar los dos planteamientos midiendo en ratas los niveles de una proteína relacionada con la potenciación a largo plazo durante el sueño. Después, utilizaron esos datos para construir modelos informáticos para observar cómo se forman las conexiones entre neuronas durante el reposo.
Sus resultados, publicados esta semana en la revista PLOS Computational Biology, sugieren que la LTP no solo refuerza algunas de esas conexiones durante el sueño sino que también las reorganiza favoreciendo la aparición de nuevas memorias. Según los autores, este mecanismo muestra que las dos teorías sobre el papel del sueño en la formación de memorias a largo plazo no son excluyentes sino que son distintas etapas en la consolidación de los recuerdos.
“El estudio indica que ciclos completos de sueño, incluyendo la fase REM, desencadenan la potenciación a largo plazo durante el sueño, produciendo la reestructuración y el fortalecimiento de memorias duraderas”, afirma Sidarta Ribeiro, investigador de la UFRN y coautor del artículo. Este tipo de resultados sustentan la idea de que “siestas que superen los 90 minutos de un ciclo completo de sueño serían la mejor opción”, según Ribeiro, para fortalecer las memorias recién adquiridas. Ante la idea de crear un medicamento que produzca beneficios similares al sueño, reconoce que aunque se han identificado algunas proteínas esenciales en los procesos de consolidación de memorias, “no está claro cómo incrementar esos niveles”.
Otros trabajos con ratones han mostrado que durante el sueño se producen cambios físicos relacionados con la formación de memorias. Un equipo liderado por Wen-Biao Gan, de la Universidad de Nueva York, publicó hace poco en la revista Science cómo el aprendizaje de una nueva tarea llevaba, siempre que el animal se durmiese a continuación, a la formación de nuevas espinas dendríticas, unas estructuras en los extremos de las neuronas que sirven para que estas se transmitan señales eléctricas entre ellas. Cuando los ratones no dormían, las estructuras asociadas al aprendizaje no se formaban.
Muchas investigaciones tratan ahora de dirimir la discusión sobre cuál es el papel de cada fase del sueño, desde la REM, en la que soñamos con más intensidad, hasta la más profunda, en la formación de memorias y, en general, sobre el aprendizaje. Sin embargo, existe un consenso en que, mientras dormimos, en nuestro cerebro suceden muchas cosas importantes y que el sueño no es, ni mucho menos, tiempo perdido.
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La falta de sueño favorece la aparición de falsos recuerdos

Además de mostrar la importancia del sueño en el aprendizaje y la formación de memorias, los científicos han observado también que no dormir no solo perjudica el recuerdo sino que también favorece la aparición de memorias falsas. En un estudio aparecido en la revista Psychological Science, un grupo de investigadores de EEUU preguntó a un grupo de 193 participantes por sus recuerdos sobre las imágenes del vuelo 93 de United Airlines estrellándose en Pensilvania durante los atentados del 11-S.
Pese a que las imágenes no existen, el 54% de los participantes en el estudio que reconocieron haber dormido menos de cinco horas la noche anterior del suceso aseguraron haberlas visto. Entre los que habían dormido más, solo el 33% tenía estos falsos recuerdos.
En una continuación del experimento, los investigadores pidieron a los voluntarios que escribiesen un diario con las horas que habían dormido y otras características sobre la calidad de su sueño durante una semana. Después de ese tiempo, se les mostró imágenes sobre el desarrollo de un crimen. A continuación, se les leyó un relato de los hechos incluyendo detalles falsos. Finalmente, observaron que un 18% de los participantes en el estudio que habían dormido menos de cinco horas incorporaron detalles falsos mientras que entre los que habían descansado bien lo hizo un 13%.

¿Por qué los hombres nunca se acuerdan de nada?

La memoria de pez masculina es un hecho asumido en la eterna confrontación entre sexos. Esto dice la ciencia al respecto


Ángeles Gómez López
31 MAR 2015
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¿Quién no ha visto alguna vez la cara de póker de un hombre cuando, en una animada charla entre amigos, alguna fémina le espeta la fatídica pregunta: "¿Te acuerdas de…?". Por mucho que rebusque el apurado caballero, las puertas de su memoria permanecerán herméticamente cerradas para ese recuerdo. Su locuaz interlocutora recurrirá a todo tipo de detalles en un intento de que el pasado regrese a la conciencia masculina. La escena se volverá a repetir en una reunión familiar, en la intimidad del hogar y también en el trabajo con idéntico resultado: el olvido. De acuerdo, no pasa siempre ni con todos los hombres, pero es un suceso que las mujeres, a menudo, se quejan de revivir.
¿Realmente es cierto que ellas tienen mejor memoria que ellos? Que existen diferencias entre el cerebro masculino y el femenino se ha demostrado en numerosas investigaciones, y es sobradamente conocido que los varones tienen mayor capacidad espacial mientras que las mujeres tienen más desarrolladas las áreas del lenguaje. Pero en el caso de la memoria, las diferencias neurobiológicas no son tan claras.
El profesor de investigación Javier de Felipe, del Laboratorio Cajal de Circuitos Corticales, de la Universidad Politécnica de Madrid, reconoce diferencias biológicas, pero, en el campo de los recuerdos, pone el acento en la educación. “Aunque las cosas estén cambiando, generalmente la educación no es igual en ambos sexos y desde la infancia ya se les va conduciendo a unas diferencias de comportamiento y psicológicas”, explica.
Diferentes ensayos confirman el peso de la instrucción en la cimentación de la memoria; y en cómo el modo en que las madres cuentan las cosas a sus hijos influye, también, en la formación de recuerdos. “Esto no niega las diferencias biológicas, pero no son muy acusadas. Los hombres y las mujeres somos muy parecidos, siempre y cuando estemos educados de la misma forma. El resto son leyendas urbanas”, insiste De Felipe.
Pero existe un camino intermedio: que la educación recibida deje una huella física. "El cerebro es muy plástico, y si desde la infancia se educa en una dirección [la atención hacia el detalle y esfuerzo por registrarlo], al final también le afecta. Cuando nacemos, el cerebro prácticamente no tiene conexiones, pero cuando el niño empieza a interaccionar con el medio ambiente, con la familia, con sus padres y aprende a leer y a escribir comienzan a formarse una serie de circuitos que dependen mucho de su entorno. Si el ambiente está orientado hacía una dirección concreta, provocará un cambio. Y así sucede con una educación sexista”, prosigue el investigador.
El psicólogo Sergio García Soriano, que dirige talleres de bienestar y de género, también sostiene que el hecho de que las mujeres recuerden más cosas que los hombres es, sobre todo, consecuencia de la formación recibida. Si el descuido afecta a la fecha del aniversario o al cumpleaños de una persona, cabría aclarar, según el experto, que el dato no ocupa un lugar importante en la memoria del que olvida. "Y aunque no significa una falta de interés", dice, "sí sugiere que algo ha cambiado en la relación".
En cualquier caso, existen diferentes tipos de memoria y cada una aflorará en distintos momentos a lo largo de nuestra vida. “La memoria es inconsciente, aparece cuando se necesita”, anuncia el psicólogo. “En las consulta de pareja, queda patente que ellas tienen más memoria de situaciones y ellos dejan apartados estos detalles. Los hombres tenemos un sistema atencional unívoco, nos centramos en una cosa y luego pasamos a otra. Por el contrario, las mujeres tienen una memoria más circular, más emocional y engloban lo que sucedió y en qué contexto”.
Esta forma de memorizar depende de las conexiones neuronales que se han establecido con el feed back entre el cerebro y los actos y la educación. “Hay una ponderación entre lo biológico y educativo”, subraya. Por mucho que la ciencia intente justificar las diferencias con argumentos biológicos, siempre aparece la educación como explicación última a las diferencias entre sexos. García Soriano es directo: “No somos tan distintos, pero estamos metidos en unos patrones de lo masculino y lo femenino. Y no nos damos ni cuenta”.
 

Olvidar es necesario para guardar los recuerdos relevantes

Un estudio identifica el proceso por el que el cerebro elige lo que va a recordar y elimina las memorias que pueden dificultar su recuperación

Daniel Mediavilla 
17/03/2015

El escritor Ray Loriga decía en Tokio ya no nos quiere algo que los científicos llevan tiempo advirtiendo: “La memoria es el perro más tonto, le tiras un palo y te devuelve cualquier cosa”. Para desilusión de muchos, numerosos estudios han mostrado que nuestras memorias están manipuladas y que es posible incluso que los momentos más emotivos de nuestra vida, como el nacimiento de un hijo o el encuentro con un gran amor, no sucedieran como los recordamos. El cerebro no funciona como una grabadora fidedigna de los hechos. Como el perro tonto o caprichoso, recupera lo que quiere y, aparentemente, no lo que se le pide.
Neurociencia
Incluso los recuerdos más emotivos pueden no ser reales
En los últimos años, en su esfuerzo por comprender los mecanismos de la memoria, la neurociencia ha descubierto algo que puede resultar sorprendente: en el camino hasta el lugar donde podemos recuperarlos, "los recuerdos provocan el olvido". La memoria funciona por asociación y cuando se trata de recuperar un recuerdo es posible que nuestro cerebro tenga que elegir entre varias memorias relacionadas que compiten entre ellas. Si uno intenta recordar un partido de fútbol, por ejemplo, habrá otros partidos que el cerebro deberá descartar para llegar a la información deseada. Algo similar sucede con las contraseñas de algunos bancos, que, por razones de seguridad, se tienen que cambiar cada pocos meses. Aunque inicialmente solo se ha de recordar una contraseña, poco a poco se solapan las viejas con las nuevas. Esto hace que en un principio, como si fuese un ordenador atestado de datos que tiene que trillar, el cerebro necesite gastar mucha energía para elegir la memoria adecuada. Sin embargo, una vez que se seleccionan las memorias relevantes y se suprimen las que no lo son, los recursos necesarios para volver a recuperar una memoria son mucho menores.
Esta semana, un equipo de investigadores de las universidades británicas de Birmingham y Cambridge ha logrado aislar los mecanismos del olvido que facilitan el recuerdo en el cerebro humano. Para lograrlo, los científicos, que han publicado su trabajo en la revista Nature Neuroscience, utilizaron un sistema de imagen por resonancia magnética (MRI) para medir la actividad cerebral cuando a un grupo de voluntarios se les pedía que recordasen memorias concretas basadas en imágenes que les habían mostrado con anterioridad. Con esta técnica fueron capaces de conocer a nivel neuronal el destino de las memorias que finalmente resultarían borradas.

Recordar hace olvidar

Durante cuatro rondas en las que se pidió a los voluntarios que recuperasen una memoria concreta, se observó cómo esa memoria se volvía cada vez más vívida mientras otras que podrían competir con ella se iban desvaneciendo. Michael Anderson, investigador de la Universidad de Cambridge y coautor del estudio, reseña que “aunque la gente piensa que el olvido es algo que sucede sin querer, esta investigación muestra que la gente tiene un papel más relevante de lo que piensa a la hora de decidir qué van a recordar”.
En un comunicado de la Universidad de Birmingham, Maria Wimber, coautora del trabajo, consideraba que estos hallazgos "tienen importancia para cualquier cosa que dependa de la memoria". "Un buen ejemplo son los testimonios de los testigos. Cuando se pregunta a un testigo que recuerde una información específica sobre un suceso, y se les pregunta una y otra vez, se podrían estar deteriorando las memorias asociadas dando la impresión de que una memoria es incompleta", afirma. "En realidad, la evocación repetida les está haciendo olvidar los detalles", concluye.
Anderson menciona también que este tipo de estudios puede enseñarnos cuáles son los procesos detrás de la memoria selectiva que hace que recordemos lo que nos conviene o incluso sobre el autoengaño. Al fin y al cabo, es posible que el perro de la memoria no sea tan tonto y, en realidad, traiga cualquier cosa y no el palo que lanzamos porque es lo que en el fondo queríamos recuperar.