Página editada por Antonio L. Manzanero, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid. España

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Tus recuerdos de la infancia en realidad no existieron

Varios estudios afirman que somos capaces de tener imágenes mentales de situaciones que nunca ocurrieron.


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Pipi Lastrum
Si tus recuerdos infantiles son similares a las aventuras
de Pipi Lastrum, puede que te lo estés inventando.
No se preocupe si recuerda haber vivido una infancia en la que paseaba a lomos de un corcel blanco con el cabello recogido en dos coletas (cuando jamás ha sabido montar a caballo), si cree haber llevado al equipo de fútbol de su colegio a la victoria en el campeonato escolar (cuando fue su hermano pequeño quien marcó el gol) o si se considera poseedor de una mente privilegiada capaz de rememorar con detalle sus primeras vacaciones familiares (a pesar de que no levantase más de dos palmos del suelo). No está solo ni es el único capaz de evocar anécdotas inexistentes del pasado.
“El 87% de mis recuerdos de la guardería son un plagio de Ramona the Pest”. La escritora estadounidense Elizabeth McCracken tuiteaba hace unos días esta frase en la que reflexionaba sobre el extraño parecido entre sus reminiscencias infantiles y las aventuras del personaje de ficción. Lejos de que su tierna infancia fuese objeto de inspiración o de descarada copia para la autora de la novela –hecho que se antoja prácticamente imposible ya que la escritora nació en 1966 y el libro Romona the Pest fue publicada dos años después– la explicación es mucho más sencilla (o bastante más compleja): recordamos cosas que jamás sucedieron. Una foto o un libro pueden generar imágenes mentales que nunca tuvieron lugar fuera de nuestra imaginación.
Elizabeth Loftus, una científica y psicóloga cognitiva de la Universidad de California, Irvine, da respuesta a la paradoja. Su amplia investigación sobre la maleabilidad de la memoria, especialmente en los niños, concluye que, en muchos casos, somos nosotros los artífices de lo que rememoramos. “Recogemos información y la utilizamos para 'crear' nuestros recuerdos o contaminar los que tenemos. La desinformación externa y la sugestión juegan papeles importantes en el proceso", explica a S Moda. Es probable, por tanto, que creamos recordar con nitidez nuestro tercer cumpleaños cuando lo que en realidad evocamos son las fotos que hemos visto a posteriori. Del mismo modo, es factible que anécdotas de la infancia que en realidad le ocurrieron a familiares, amigos o incluso personajes de ficción sean consideradas como propias.
El colmo de la contrariedad, con el consiguiente peligro, llega al descubrir que es posible sugestionar a otra persona para que recuerde algo que jamás vivió. "En el caso de los niños menores de seis años los procesos de control de la realidad no se han desarrollado del todo y son más vulnerables a que sugerencias de información se incorporen a su mente como vivencias", nos explica el profesor Antonio L. Manzanero, experto en Psicología del Testimonio y profesor de la Universidad Complutense. Sin embargo, "ya que los falsos recuerdos no solo se dan por inducción sino por errores de los propios procesos normales de memoria, también pueden producirse en la edad adulta", continúa.
Así lo corrobora un experimento llevado a cabo por Loftus a mediados de los 90. 'Perderse en un centro comercial', algo que muchos pequeños han experimentado en su infancia, fue la vivencia que la psicóloga intentó recrear en la mente de 24 individuos con edades comprendidas entre los 18 y los 53 años. El equipo de investigación detalló por escrito, con ayuda de los familiares de los voluntarios, tres eventos que estos vivieron durante su niñez. Además, añadieron a la lista una cuarta situación inventada: un despiste en unos grandes almacenes que les llevó, a la edad de cinco años, a estar separados de sus padres durante un periodo de tiempo prolongado. Después de leer cada historia, los participantes escribieron lo que recordaban sobre cada una. El 68% de las anécdotas reales fueron descritas con acierto, pero lo llamativo fue que siete de los 24 individuos (29%) también afirmaron acordarse del evento falso.
Estudiantes de la Universidad Western Washington fueron sometidos a un experimento parecido con resultados similares. Como en el caso anterior, los sujetos fueron animados a recordar varios eventos reales de su pasado y uno falso (un ingreso en el hospital por fiebre alta o una fiesta de cumpleaños con payasos y pizza). Mientras que ninguno de los participantes recordó la hazaña ficticia en la primera entrevista, el 20% afirmó tener un vago recuerdo en la segunda. Uno de ellos comentó que incluso era capaz de evocar cómo fue su hospitalización, qué familiares le visitaron y hasta cómo era el médico que lo atendió. Así, pasaron de manifestar que “no recordaban nada” a dar detalles concretos de un acontecimiento que jamás protagonizaron.
Ambos experimentos demuestran cómo es posible crear un recuerdo falso y cómo esto podría ocurrir fuera del campo de la investigación, en entornos del mundo real. Por otra parte, el estudio evidencia que la gente puede ser llevada a recordar su pasado de diferentes maneras. Por tanto, “bajo las circunstancias adecuadas falsos recuerdos pueden ser inculcados con bastante facilidad en ciertos individuos”, según afirma la autora de la investigación.
En el caso del experimento 'perdido en el centro comercial', uno de los factores que ayuda a la implantación de falsos recuerdos es la corroboración del hecho por parte de un familiar o persona cercana. Es algo similar a lo que ocurre cuando alguien termina por confesar una fechoría que no ha cometido solo porque un supuesto testigo afirma haberle pillado con las manos en la masa.
Así lo ratificó un estudio realizado por el psicólogo Saul M. Kassin y su equipo. El doctor acusó a los participantes de haber estropeado un ordenador por pulsar la tecla equivocada. Aunque todos eran inocentes y así lo mantuvieron en un primer momento, muchos de ellos no dudaron en firmar su confesión cuando un tercero afirmó haberles visto apretando el teclado. Algunos incluso llegaron a interiorizar su culpa y comenzaron a dar detalles del acto, una muestra de cómo una incriminación falsa puede llevar a la aceptación de un delito no cometido e incluso a desarrollar recuerdos que respalden un sentimiento de culpa. "Aunque desde los años 70 hasta la actualidad se han tratado de desarrollar procedimientos para diferenciar entre recuerdos reales y ficticios, no han dado los resultados esperados. Por eso en investigaciones judiciales es necesario contrastar los recuerdos con fuentes fiables", enuncia Manzanero.
Pero, ¿cualquier persona es susceptible de tener falsos recuerdos? “Lo cierto es que sí –explica la experta– aunque los sujetos más propensos a desarrollarlos son aquellos que tienden a tener lapsos de memoria o déficit de atención, nadie está a salvo de experimentarlos”, termina. El hecho de que un individuo sea presionado o tenga problemas de memoria, aumenta las posibilidades de sufrir este tipo de episodios.
Sin embargo, no está del todo claro por qué es tan fácil implantar recuerdos falsos ni qué pasa exactamente en el cerebro cuando se desarrollan. Sí se conoce que la actividad neuronal es similar a la que tiene lugar cuando se rememoran episodios reales.
Según Brock Kirwan, un neurocientífico que estudia la memoria en la Universidad Brigham Young, “todos los recuerdos que tenemos, incluso los de verdad, no son nunca reproducciones exactas de lo que pasó realmente. Esto es positivo en cierto modo porque no necesitamos detalles triviales, pero también es malo porque puede dar lugar a errores o a mezclar diferentes historias”. Este tipo de experiencias han llevado en varios casos a malinterpretar hechos o a crear falsos culpables. En los años 90 tuvo lugar un experimento de dudosa ética en Estados Unidos que arroja luz en este sentido. Personas adultas fueron incitadas por sus terapeutas a rememorar supuestos episodios de maltrato perpetrados por sus padres durante su infancia. Así los doctores consiguieron dar explicación a los traumas psicológicos que presentaban sus pacientes. El escritor especialista en divulgación científica Michael Shermer recoge con escepticismo esta y otras historias protagonizadas por falsas creencias en el libro titulado Por qué creemos en cosas raras.
Ya que la memoria es constructiva y todos los recuerdos tienen al menos una (gran) parte de irrealidad, debemos otorgar el justo peso e importancia a los pensamientos del pasado que surcan nuestra mente en el presente. Como nos cuenta la propia Loftus, “sin corroboración externa o independiente, nunca podemos estar totalmente seguros de nuestros recuerdos”.

Memoria vs aprendizaje: una confusión que dificulta los avances en la investigación sobre los recuerdos

Cada cierto tiempo nos encontramos en la prensa (incluso la especializada) con noticias como la recogida más abajo, donde se informa de supuestos avances en el conocimiento sobre la memoria. Sin embargo, de su lectura se desprenden graves errores sobre el concepto memoria, aprendizaje, y recuerdo. Memoria y aprendizaje son conceptos relacionados pero no la misma cosa.
En primer lugar debemos tener en cuenta que las ratas NO tienen recuerdos, siendo ésta una alta capacidad propia de la especie humana. Sistemáticamente se confunde aprendizaje con memoria. En realidad, los ratones aprendieron que un determinado lugar era peligroso, nada que ver con los recuerdos de hechos traumáticos, asociando ese contexto con una determinada conducta. ¿Qué es un ratón traumatizado? ¿Se trata de un ratón que trata de huir de ese lugar dañino? Lo único que se ha conseguido es extinguir esa respuesta de aprendizaje. Los mecanismos de extinción de las respuestas condicionadas se conocen hace tiempo. En cualquier caso resulta relevante conocer que puede haber genes implicados en estos mecanismos. Pero nada de olvido, ni de recuerdo, ni de memoria.
Si esto fuera así, en humanos nos podríamos encontrar que el recuerdo persista, aunque ya no genere las conductas o emociones que esperamos al tratarse de estimulos aversivos, potencialmente peligrosos. Ante esto nos surgen algunas preguntas, que podrían llevarnos a pensar en resultados no precisamente positivos de estas intervenciones. 
  ¿Esta inhibición o extinción de la respuesta podría incrementar las conductas de riesgo?¿Es malo huir de los peligros?
  ¿Si se produjera realmente el olvido, dificultamos el aprendizaje y estaríamos condenados a repetir una y otra vez estrategias o conductas equivocadas? ¿Resulta adpatativo?

Recordemos las reflexiones sobre el miedo aparecidas hace un tiempo y que recogimos en estas páginas
http://psicologiadelamemoria.blogspot.com.es/2011/05/vivir-con-miedo.html



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Descubren un nuevo gen que permite olvidar recuerdos postraumáticos
Investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) han llevado a cabo una nueva investigación que podría ser clave a la hora de tratar los trastornos por estrés postraumático. Este nuevo estudio ha descubierto el importantísimo papel que puede llegar a desempeñar un nuevo gen, conocido como Tet1, esencial para el proceso de extinción de la memoria.
04/10/2013




Según los investigadores, el gen Tet1 parece controlar a un pequeño grupo de otros genes necesarios para la extinción de memoria. Li - Huei Tsai, directora del Instituto Picower del MIT para el Aprendizaje y la Memoria, junto al resto de su equipo, llegaron a esta conclusión tras experimentar con ratones en una reciente investigación, cuyos resultados han sido publicados en la revista Neuron.

Estos animales fueron divididos en dos grupos: uno, con el Tet1 activado y otro con el gen anulado. Ambos grupos fueron introducidos en jaulas en los que se practicaron pequeñas descargas eléctricas para provocarles una experiencia algo traumática. Al volver a ingresar en la jaula una vez formada la memoria, los ratones con el Tet1 anulado continuaban traumatizados porque asociaban ese espacio a la mala experiencia vivida. Sin embargo, el otro grupo fue capaz de 'olvidar' ese pensamiento negativo y de aprender nuevas tareas, desvaneciéndose así los recuerdos antiguos.

METILACIÓN DEL ADN
"En realidad, no se borra nada de la memoria original", explica la investigadora, sino que hay dos memorias que compiten entre sí y una se impone a la otra en función de si el Tet1 domina o no. "El viejo rastro de la memoria está diciendo a los ratones que ese lugar es peligroso. Pero la nueva memoria les informa que ahora ese lugar es seguro", dice Li - Huei Tsai. Por tanto, los ratones con el Tet1 anulado se quedan anclados en sus viejos pensamientos y son incapaces de extinguir el viejo recuerdo y de aprender cosas nuevas.

Tal y como explica el MIT, los investigadores encontraron que el efecto que ejerce el Tet1 sobre la memoria depende la alteración de los niveles de metilación del ADN, una modificación que controla el acceso a los genes. Cuando estos niveles son altos, los genes no se activan, mientras que los niveles más bajos permiten que se expresen.

Los resultados sugieren que es necesario establecer un nivel de umbral de la metilación para la expresión de los genes y el trabajo de Tet1 es mantener baja la mutilación. De esta forma, se garantiza que los genes necesarios para la formación de la memoria están preparados y listos para ponerse en marcha en el momento en que seas necesarios.

Ahora, los científicos confían en la estimulación de este gen en seres humanos para ayudar a tratar casos de trastornos postraumáticos y adicción.

¿Cómo construimos los recuerdos?_Conway en Redes

Un aroma, una frase, una imagen se quedan grabadas en nuestra memoria

  • Los contextos que visten ese recuerdo es producto de nuestra imaginación
  • El psicólogo Martin Conway explica a Punset cómo construimos los recuerdos

     

     

    EDUARD PUNSET (REDES)EDUARD PUNSET (REDES) 09.12.2012
    ¿Podemos fiarnos de nuestros recuerdos? Un aroma, una frase, una imagen es lo que suele quedarse grabado en nuestra memoria, pero el contexto, el resto de circunstancias que visten ese recuerdo es, en gran parte, producto de nuestra imaginación.
    lo real y lo ficticio se mezclan en nuestra mente para construir nuestros recuerdos y, a su vez, nuestra identidad

    En este programa de Redes, el neurocientífico Martin Conway explica a Eduard Punset cómo lo real y lo ficticio se mezclan en nuestra mente para construir nuestros recuerdos y, a su vez, nuestra identidad.
    Y en su sección, Elsa Punset nos muestra cómo la identidad no es un rasgo inmutable, sino algo que podemos modelar.
    Si tuviéramos que recordarlo todo, no podríamos hacer nada. Martin Conway

    Realidad o ficción

    Eduard Punset: Nuestros recuerdos son reales, son ficticios, son un invento, ¿cómo es posible que podamos ir construyendo poco a poco la memoria, los recuerdos, cosas que nos han pasado y cosas que hemos visto a duras penas y que inventamos?
    Bueno, de eso es de lo que vamos a hablar hoy con Martin Conway, que es el Director del Departamento de Psicología de City University, en London, en Londres. ¿Son reales los recuerdos o son ficticios? Los recuerdos a la vez son reales y no reales. A veces pueden incluso ser hiperreales
    Martin Conway: Los recuerdos a la vez son reales y no reales. A veces pueden incluso ser hiperreales. Pensamos que están organizados en dimensiones.
    En un extremo, se corresponden muy directamente con nuestra experiencia del mundo pero en el otro, se corresponden con lo que somos, lo que somos al margen de la realidad.
    Eduard Punset: Así que si empezamos por esos últimos, probablemente deberíamos hablar de la amnesia infantil, la llamamos "amnesia infantil". Al principio de todo, hay tres años durante los que nadie sabe seguro si somos capaces de recordar, si hemos olvidado y por qué demonios hemos olvidado.
    Martin Conway: ¿Y cómo se explica eso? Bueno, existen varias explicaciones al respecto y todas tienen parte de razón, aunque el período de la infancia es en esencia un poco más largo, no son sólo tres años.
    Ahora sabemos por las investigaciones realizadas en los últimos diez años que la gente en realidad no percibe sus recuerdos como tales hasta la edad aproximada de seis años, y cuando un adulto recuerda su niñez, esos primeros recuerdos de cuando tenía tres o cuatro años no son más que fragmentos, son fragmentos inconexos que a veces perciben como recuerdos y otras no saben cómo: "No estoy seguro de lo que es, quizás es algo que me contó mi madre, quizás una foto, quizás algo que soñé."
    No están nada seguros de esos primeros recuerdos, en cambio, cuando recuerdan experiencias vividas cuando tenían cinco, seis, siete años, empezamos a tener algo que es como un recuerdo real.
    Eduard Punset: Algunos colegas tuyos dicen que tiene mucho que ver con ser conscientes o no de ello, quiero decir, es como la mosca en la nariz cuando dices "es mi nariz" y te das cuenta por primera vez de que eres consciente. ¿Es ése el paso que hay que dar?, ¿la condición previa?
    Martin Conway: Bueno, la consciencia es un tema muy complicado, quiero decir que el niño recién nacido probablemente ya tiene consciencia de ciertas cosas, posiblemente no de sí mismo puesto que carecen de consciencia reflexiva.
    De modo que cuando pasamos la "prueba del espejo", así es como se la conoce, al mirar en el espejo vemos la mosca en la nariz, lo que señala que estamos distinguiendo el yo del mí y son muchos los que piensan que esto ocurre en torno a los 24-30 meses, muchos creen que se trata de la emergencia de lo que denominamos el "yo cognitivo" y el principio de los recuerdos de nuestra vida.
    Eduard Punset: He escuchado decir a algunos de tus colegas científicos que también necesitamos algo de literatura, algo de expresión verbal. Si no tenemos palabras para expresar la mosca en la nariz, no recordaremos. ¿Es cierto o no?
    Martin Conway: Bueno, es una cuestión muy controvertida. Es obvio que podemos recordar sin el lenguaje, es posible, pero el lenguaje y los recuerdos van de la mano y con el lenguaje es más fácil recordar.
    Puede ser que el niño en el breve período que antecede a los 24 meses ya tenga algunos recuerdos, algunas pruebas lo sugieren aunque no puede expresarlos porque no puede servirse del lenguaje para describirlos.
    Si bien también es cierto que cuando empieza a desarrollarse el lenguaje a partir de los dos años en adelante éste en gran parte ayuda a estructurar los recuerdos, a nombrar algunas partes y tenemos la oportunidad de interactuar socialmente con nuestros recuerdos, lo que parece ser un rasgo fundamental del hecho de recordar.
    Eduard Punset: Creo que fue un grupo de investigadores de Canadá que estudiaron la memoria de los niños hasta los tres años de edad y después de un tiempo, después de seis meses o un año, se habían olvidado de lo que antes habían conservado como un recuerdo real.
    Sin embargo, cuando intentamos hacer lo mismo con niños de diez años, se acordaban durante mucho más tiempo, durante períodos mucho más largos. ¿Es así o…?
    Martin Conway: Lo que se ha descubierto en general es que los niños, si hacemos un muestreo de sus recuerdos cuando tienen tres, cuatro, cinco, seis años, a los tres y cuatro, se acuerdan de cosas un poco antes, a los seis o siete ya no recuerdan esos acontecimientos y a los ocho o nueve, no los recuerdan, eso es lo más frecuente.
    Pongamos todo esto en un contexto más amplio, ¿de acuerdo? Si yo te pidiera esta noche que recordaras todo lo que te ha pasado durante el día, probablemente recordarías muchas cosas.
    Hemos hecho estudios que sugieren que la gente recuerda entre diez y quince hechos. Si te pidiera mañana que recordaras todos los acontecimientos de ayer, te acordarías de cinco o seis.
    Si te lo pidiera dentro de un mes, quizás no recordarías ninguno pero la clave de todo esto es que podías recordar esos hechos cuando te lo pedí al principio así que probablemente los recuerdos están ahí, por lo que cuando decimos que los olvidamos no queremos decir que borremos los recuerdos de nuestro cerebro sino que se convierten en inaccesibles a nuestra conciencia.
    Eduard Punset: La gente tiene recuerdos, los has mencionado antes. Tienen recuerdos pero no tienen claro si son inventados o reales.
    Tengo muchos amigos a los que les he preguntado por sus recuerdos y se los han inventado. Los recuerdos, sabes… Una persona de cuyo nombre no me acuerdo pero es un científico famoso me estaba contando su recuerdo de una bomba que había estallado al lado de la casa donde vivían en Londres, era durante la Segunda Guerra Mundial. Su hermano lo interrumpió y dijo: "Oye, no es verdad, sabes, nuestros padres nos mandaron fuera de Londres durante la Segunda Guerra Mundial."
    Martin Conway: Creo que son fabulosos. Me encantan los falsos recuerdos. Aunque son falsos no en el sentido de que se hayan inventado a propósito.
    La verdad es que se fueron abriendo camino desde nuestra memoria a largo plazo y en realidad vienen a apoyar de forma importante algunos aspectos de nuestra identidad personal.
    Los recuerdos, sabes, llevan mensajes importantes para la identidad personal. Hay algunos estudios interesantes donde se ha preguntado a la gente si hay algunos recuerdos de los que recelen y resulta que casi todo el mundo tiene uno o dos recuerdos que les resultan sospechosos.
    Eduard Punset: ¿Recuerdos sospechosos?
    Martin Conway: Sí, recuerdos sospechosos, aquellos de los que no estamos del todo seguros… ¿Sucedió realmente esto o no? Fue un estudio muy bonito donde se recogieron muchos recuerdos de este tipo.
    Algunos eran manifiestamente falsos porque sostenían cosas que no podían ser ciertas pero la persona los recordaba así, como el caso de un hombre que recordaba estar en el parque con su madre cuando era pequeño viendo pasar dinosaurios por el borde de una colina [risas].
    Está claro que era un recuerdo equivocado pero lo sentía como un recuerdo y, de hecho, en algunos casos extremos de enfermedad psicológica, recuerdos tramáticos o recuerdos emocionales muy intensos, podemos llegar a tener falsos recuerdos pero que, a pesar de todo, llevan mensajes importantes para nosotros.
    Eduard Punset: ¿Y sería así como vosotros, los científicos, diferenciáis un recuerdo real de otro que no lo es?
    Martin Conway: Bueno, a grandes rasgos, no podemos… en cuanto a los recuerdos se refiere, pero hay algunas cosas que podemos decir y hay algunas teorías en torno a ciertos hallazgos que son importantes.
    Lo primero que hay que cuestionar realmente es qué quiere decir alguien cuando dice que un recuerdo es real, qué quiere decir cuando dicen que es verdad: ¿verdad en qué sentido?, ¿de qué estamos hablando? Bueno, estamos hablando de nuestra experiencia del mundo.
    Bien, podría ser que haya una feliz coincidencia entre nuestra experiencia del mundo y el mundo, que represente realmente lo que está sucediendo, pero también podría ser que no.
    Es posible que estemos inmersos en una intensa experiencia emocional, sabes, y en tal caso la experiencia del mundo tendría mucho más que ver con un cierto estado interior que con la realidad y, por lo tanto, nuestros recuerdos también responderían mucho más a esto.
    No podemos olvidar que los recuerdos son fragmentarios. Si quieres, son una instantánea de algunos momentos de esa experiencia.
    Eduard Punset: Tendemos a olvidarlo a veces o muy a menudo, que es imposible conservar, quiero decir, parece muy raro, casi imposible guardar recuerdos completos en nuestro interior…
    Martin Conway: Totalmente. Bueno, hay otras partes del cerebro también pero piensa únicamente en las consecuencias.
    Si tuviéramos que recordarlo todo, no podríamos hacer nada más porque estaríamos recordando constantemente ya que se necesita tanto tiempo para recordar como para vivir las experiencias previas, por eso nuestros recuerdos no han evolucionado así, han evolucionado a partir de muestras de experiencias, en general para intentar retener cosas que a nosotros nos parecen relevantes.
    Eduard Punset: Hay algo de lo que no sé nada, simplemente he escuchado a científicos y amigos hablar de ello pero no sé nada al respecto. Los llamáis flashbulb memories. ¿Qué diablos son?
    Martin Conway: Bueno, a muchos de los que investigan los recuerdos no les gusta el nombre pero pienso que no está mal.
    Fue un término inventado por un hombre llamado Roger Brown, de la Universidad de Harvard. Hacía referencia a un artículo que había leído en la revista Esquire a principios de los setenta cuando se había entrevistado a varios famosos preguntándoles si recordaban lo que estaban haciendo cuando se anunció el asesinato del Presidente John F. Kennedy.
    Eduard Punset: Ya veo.
    Martin Conway: Y se acordaban: "Estaba en el campo de golf, en el hollo 9, estaba a punto de golpear la pelota en el green cuando alguien se acercó y me lo dijo." Así de claros y vivos eran sus recuerdos.
    Se llevó a cabo un estudio sobre ello y descubrieron que mucha gente tenía recuerdos muy vivos en relación con acontecimientos públicos aparecidos en las noticias, ¿de acuerdo? Y es muy poco frecuente tener recuerdos de hechos públicos aparecidos en las noticias.
    Eduard Punset: ¿Ah sí?
    Martin Conway: Recuerda que cada día se producen millones de hechos en las noticias y en un año quizás hayamos estado expuestos a miles de ellos.
    No recordamos dónde estábamos, qué estábamos haciendo, con quién estábamos, qué llevábamos puesto cuando escuchamos esas noticias, así que cuando lo recordamos, han desarrollado un término "recuerdo fotográfico" para transmitir la idea de que en cierto modo es como si tomáramos una instantánea, por supuesto no se trata de una instantánea literal porque hay cosas que olvidamos y detalles falsos que interfieren con esos recuerdos y a veces pueden ser totalmente falsos.